Los Vinos Naturales de Las Marcas – Un Viaje al Corazón de Italia

Anclada entre los montes Apeninos y las aguas del mar Adriático, en el centro-este de Italia, con sus pueblos medievales en las cumbres, todo aquí habla de armonía entre el paisaje y la huella humana.

Las Marcas, o Le Marche, es una región italiana donde el arte y la naturaleza han dialogado durante siglos. Su nombre, en plural, evoca su esencia: un mosaico de territorios históricos que convergen en una identidad rica y diversa. Esta tradición de maestría artesanal, desde los papeles hechos a mano de Fabriano hasta las cerámicas renacentistas de Urbino comparte un espíritu con la viticultura actual: el respeto por la materia prima y la transformación consciente de lo que la tierra ofrece. Es en este contexto cultural, donde lo artesanal se valora como un acto de sabiduría, donde florece el movimiento del vino natural, ecológico y biodinámico en Marche.

Hacer vino natural no es una moda, es un acto de resistencia y coherencia. Es la decisión de escuchar el latido del viñedo, de rechazar atajos industriales, de aceptar que cada añada es un retrato único del clima, del suelo y del trabajo del hombre. Es, en definitiva, una vuelta a la esencia, guiada por una conciencia moderna. Productores que son, ante todo, campesinos-artesanos, custodian este legado.

Entre los guardianes de esta llama, encontramos historias fascinantes como Fontorfio, Oppeddentro, un proyecto casi filosófico que busca la máxima expresión del territorio en sus vinos naturales hechos con paciencia. Además tenemos Tenuta Ca’ Sciampagne, Il Gelsomoro, con su enfoque familiar y visceral y la historia inspiradora de Natalino Crognaletti de Fattoria San Lorenzo. Para ellos, la viña es un ecosistema, no una fábrica.

Los Custodios: Productores Naturales, Ecológicos y Biodinámicos

Para entender el movimiento del vino natural en Marche no basta hablar de técnicas o filosofías. Hay que conocer a sus personas, a esos custodios cuya vida y trabajo son un acto de coherencia con la tierra. Cada uno, a su manera, escribe un capítulo esencial en esta historia de resistencia y autenticidad.

Oppeddentro: La Expresión Pura del Terruño

 

Conocí a Andrea, uno de los productores de Oppeddentro, en una feria de vinos naturales donde había catado sus vinos. En nuestra conversación sobre el proyecto, me fue guiando con pasión a través de cada uno de sus cuvées:

  • Valdé (Verdicchio y Trebbiano): Un blanco joven, de mineralidad vibrante, con un toque cítrico y una frescura inmediata.
  • Errático blanco (Verdicchio): De textura intensa y golosa, expresivo y en perfecto equilibrio. Aromas de fruta madura se entrelazan con su firmeza mineral. Finaliza su fermentación en barricas viejas.
  • IL Solo (Verdicchio y Trebbiano): Un vino de maceración prolongada, interesante y deliciosamente bebible. Amable en boca, fresco, con un sutil toque salino y un final largo que recuerda a cáscara de naranja.
  • Core: Un rosado de Montepulciano, Sangiovese y Vernaccia. Muy amable, ligero pero con personalidad y un caracter mineral.
  • Grana d’Elia (Sangiovese y Montepulciano): Un tinto joven con carácter, redondo, divertido y fácil de beber.

Esta charla, más allá de los perfiles de cada vino, reafirmó algo esencial: cada botella de Oppeddentro es una expresión pura de su terruño y de una filosofía de trabajo que respeto profundamente. Representa esa auténtica esencia del vino natural y el movimiento de resistencia que defiende, donde la intervención es mínima y la verdad del lugar es la verdadera protagonista.

La bodega cree en la creación de vinos con identidad propia, donde la tradición y el oficio artesanal se funden. Respeta los métodos ancestrales de vinificación y valora el trabajo apasionado detrás de cada etapa.

Sus viñedos de Verdicchio, Trebbiano, Sangiovese y Montepulciano se distribuyen en pequeñas parcelas, donde cada cepa se atiende con cuidado para fomentar el equilibrio natural y la vitalidad de la tierra, sin forzar la producción.

En el campo practican una viticultura natural, empleando únicamente tratamientos orgánicos a base de cobre y azufre, y rechazando el uso de pesticidas y fungicidas que puedan alterar el entorno. Prácticas como el abono verde periódico revitalizan el suelo, permitiendo que las vides desplieguen todo su potencial.

Actualmente cultivan cuatro hectáreas en Cupramontana, guiados por la filosofía de elaborar vinos honestos con su origen: auténticos, puros y en armonía con el ciclo natural. Las lías finas son clave para aportar profundidad y estructura, y confían en la fermentación espontánea mediante el método «pied de cuve» para que sea la naturaleza quien lidere el proceso.

Para mantener la pureza de sus vinos, limitan al mínimo el uso de sulfitos, obteniendo así productos más genuinos y armónicos.

Il Gelsomoro: La Esencia Hecha Vino

Tuve el placer de conocer a Silvia Giorgetti de Il Gelsomoro en la misma feria, donde sus vinos captaron mi atención por su claridad y carácter distintivo. Al hablar del proyecto, cada cuvée me reveló un aspecto diferente de su terruño:

  • Blanco (Verdicchio): de acidez brillante y una mineralidad increíble , con una textura vibrante y casi crujiente.
  • Rosado (Montepulciano): Presenta un interesante contrapunto entre un toque amargo agradable y notas de fruta roja, con una estructura más firme de lo esperado.
  • Marche Rosso (Sangiovese y Montepulciano): Un tinto joven de taninos redondos, con un perfil herbáceo fresco y una base mineral que le da solidez.
  • Sottobora (100% Lacrima): Absolutamente floral y perfumado. Desprende aromas de rosas y hierbas finas, con un toque balsámico. Lo más notable para mí es cómo ese perfume a rosas persiste en boca, donde se encuentra con una tanicidad elegante que lo hace increíblemente equilibrado.

Catarlos fue una confirmación más de lo que busco y valoro: vinos que son un retrato fiel de su origen, elaborados con una intervención mínima. Il Gelsomoro, con su expresión directa y sin filtros.

Fundada por Silvia Giorgetti en 2004, la bodega nació de una pasión cultivada durante años: un sueño hecho realidad mediante paciencia, esfuerzo y una medida justa de audacia. Su visión fue crear un vino capaz de emocionar, manteniendo al mismo tiempo una concreción y una esencialidad reflejo de su propia filosofía.

Se encuentra en Morro d’Alba, a 150 metros sobre el nivel del mar y a pocos kilómetros del mar Adriático. Desde sus inicios, obtuvo la certificación ecológica del CCPB, siendo pionera en la aplicación de estos principios en la zona. Es miembro de la asociación VinNatur desde 2015.

La bodega gestiona un total de 4 hectáreas de viñedo, donde conviven variedades autóctonas como Lacrima, Sangiovese, Montepulciano y Verdicchio, junto con algunas hileras de Merlot.

En el campo, renuncia al uso de fertilizantes, nutriendo la tierra únicamente con abono verde y, cuando es posible, con preparados biodinámicos. Este respeto por la naturaleza se traslada también a la bodega, donde se considera posible y necesario.

Las fermentaciones transcurren de manera espontánea, sin control de temperatura. Evita maceraciones y extracciones forzadas, buscando la complejidad mediante el manejo del tiempo de contacto con las lías finas y sus levaduras autóctonas, utilizando para ello recipientes neutros que no cedan aromas extraños al vino.

Natalino Crognaletti (Fattoria San Lorenzo): El Rescate de la Memoria

Natalino Crognaletti es un defensor del método ecológico y biodinámico, bajo cuya dirección los vinos de Fattoria San Lorenzo han alcanzado una identidad distintiva. Sus Verdicchio, caracterizados por fermentaciones espontáneas, largas crianzas sobre lías y el uso exclusivo de levaduras indígenas, ofrecen una complejidad aromática y una textura envolvente. Estos mismos principios aplica a sus tintos de larga maceración, como el Montepulciano y el Syrah, obtenidos de viñas viejas. Se trata de vinos singulares que requieren una degustación atenta para apreciar toda su profundidad.

Tenuta Ca’ Sciampagne: Diálogo con la Naturaleza

La esencia de Tenuta Ca’ Sciampagne está arraigada en su terruño como en su ubicación privilegiada. La finca se alza en las laderas del Parque Natural Monti delle Cesane, a escasos tres kilómetros de Urbino.

Fundada en 2008, su proyecto comenzó con la revitalización de más de 3 hectáreas de viñedos antiguos y la incorporación de cinco hectáreas nuevas. Su filosofía nace de un profundo respeto por las tradiciones vitícolas locales, lo que se traduce en una elaboración minimalista: vinos sin aditivos, fermentados espontáneamente con levaduras autóctonas, sin clarificar ni filtrar, y embotellados a mano.

Entre sus cepas conviven variedades tradicionales de la zona —Bianchello, Sangiovese, Aleatico y Alicante— con algunas uvas internacionales como Chardonnay y Sauvignon Blanc. Con certificación ecológica, la bodega renuncia al uso de herbicidas y productos químicos.

Fontorfio: El Legado de los Antiguos Agricultores

Con sede en Cossignano, un pueblo medieval entre los Montes Sibilinos y el Adriático, Fontorfio nació como una granja tradicional. El proyecto actual da continuidad a ese legado, conservando métodos esencialmente manuales y renunciando a maquinaria moderna y productos químicos.

Su filosofía de vinificación es de mínima intervención: sin levaduras seleccionadas, sin filtración y con un uso de dióxido de azufre reducido a lo indispensable, siendo incluso nulo en algunas añadas. Es un acto radical de preservación del equilibrio de la tierra.

Juntos, estos cinco productores forman un coro polifónico que pone el alma del vino natural en Marche. Cada uno, a su manera, defiende una misma verdad: que el vino es, ante todo, un alimento vivo, el espejo de un lugar y la huella de unas manos que eligieron no dominar, sino dialogar.

El Mosaico Vitivinícola: Variedades y Zonas

Las Marcas son una región de grandes clásicos y de auténticas rarezas enológicas que merecen ser descubiertas por cualquier amante del vino que busque autenticidad y carácter.

Uvas Blancas Principales

  1. Verdicchio: La reina indiscutible, especialmente en las provincias de Ancona y Macerata. Base de vinos con gran estructura y potencial de guarda.
  2. Pecorino: Encuentra en Ascoli Piceno y Fermo una expresión elegante y aromática.
  3. Passerina: Muy cultivada en la provincia de Ascoli Piceno, aporta frescura y vivacidad.
  4. Biancame (o Bianchello del Metauro): Protagonista en el norte, en la zona del río Metauro (Pesaro-Urbino).

Uvas Tintas Principales

  1. Montepulciano: La uva tinta más plantada, especialmente en las provincias de Ascoli Piceno y Fermo, donde da vinos de cuerpo y carácter.
  2. Sangiovese: Muy presente en el norte (Pesaro-Urbino), aportando elegancia y acidez.

Joyas Ocultas: Variedades Autóctonas

Aquí es donde la región muestra su verdadero tesoro:

  • Lacrima: La joya más famosa. Uva tinta autóctona salvada de la extinción, cultivada en un área minúscula alrededor de Morro d’Alba. De grano delicado y aromas florales intensos (rosas, violetas).
  • Vernaccia Nera: Uva tinta minoritaria de la provincia de Pesaro-Urbino. No confundir con las vernaccias blancas de otras regiones.
  • Maceratino y Serrapetrona: Otras variedades locales que hablan de la diversidad profunda de la región.

El mosaico de suelos, climas y variedades es el lienzo sobre el que los productores naturales de Marche pintan, con paciencia y respeto, sus obras maestras efímeras. Cada botella es una geografía, una historia y un acto de fe en el futuro de la tierra.

Pasear por Marche a través de sus vinos naturales es, en realidad, pasear por su esencia más íntima. Es comprender el respeto por el oficio que heredaron de los maestros papeleros de Fabriano y los ceramistas históricos. Es compartir la filosofía de resistencia de quienes decidieron que el futuro está en las raíces. Y es, sobre todo, un placer profundo: el de llevarse a los labios el zumo vivo, el carácter de un territorio único, capturado con honestidad y amor en cada botella. Una invitación a beber, no solo vino, sino paisaje y historia.

Salute.

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